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08/02/2022

Macro 2022

Llevamos un par de años en los que no paran de ocurrir eventos históricos de los que pasan cada 50 o 100 años: además de nevadas y heladas en Madrid (Filomena) y erupciones de volcanes (La Palma), una pandemia a escala global que ha conseguido “parar” el mundo durante varios meses, cerrando temporalmente infinidad de negocios, suprimiendo la movilidad y libertad de los ciudadanos, pero por otro lado, obteniendo en tiempo record unas vacunas muy efectivas y una labor de producción y vacunación masiva a miles de millones de personas en todos los continentes.

Gracias a ello se ha vuelto a “encender” el mundo de golpe, lo cual ha producido efectos económicos a los que no estábamos acostumbrados. Subidas masivas de materias primas y desabastecimiento, por la escasez temporal producida por esta circunstancia, que ha desbordado todas las previsiones. En efecto, la pandemia produjo ajustes a la baja en producción, cierres temporales de fábricas, supresión de turnos, reducción de medios de transporte, cancelación de contratos de trabajo, ERTEs, etc. Adicionalmente se produjo una drástica reducción del gasto de empresas y particulares y unas ganas contenidas de salir, viajar gastar, invertir, que está produciendo estos desajustes.

Los fletes se han multiplicado hasta por 10 en unos meses, casi todas las materias primas han subido en cifras nunca vistas, la energía no es una excepción como ya estamos sufriendo todos, y como consecuencia, estamos viendo datos de inflación insólitos en las principales economías.

La duda es si, como creemos, se trata de algo transitorio que debería volver a la normalidad según se vayan normalizando los medios de producción y transporte, o si son subidas de precios que van a perdurar en el tiempo, lo cual finalmente produciría un cierto cambio del paradigma de tipos de interés bajos e inflación controlada de los últimos 20 años. Hay quien piensa que precisamente algo de inflación anual sería muy positivo para reducir las altas cifras de endeudamiento público y privado y los enormes déficits públicos que esta pandemia ha ocasionado. Quizá por ahí vayan los tiros, (2-3% anual), cosa lógica por la cantidad de dinero que se ha emitido por los principales bancos centrales.

Por otro lado, son significativos los posibles cambios estructurales que se han acelerado y consolidado, también con la pandemia: Progresiva relocalización de la producción, acercándola nuevamente a los puntos de consumo, más flexibilidad en el trabajo con muchas de las reuniones por videoconferencia, menos viajes de negocios, probablemente más ocio y tiempo libre, mucho más comercio electrónico y digitalización. Hay que estar muy atentos a estas tendencias, que son las que pueden generar mucho valor para los inversores si se leen bien y con anticipación.

Con todo este contexto, creemos que los países del sur de Europa y en concreto España e Italia tienen la oportunidad de recuperar mucho mercado y crecimiento económico en los próximos años: La recuperación del turismo, especialmente “el turismo cercano”, el establecimiento permanente de extranjeros que vengan a teletrabajar desde aquí, los fondos europeos que tenemos previsto recibir, la abundancia de mano de obra ante los todavía altos niveles de paro, lo cual incrementa la competitividad de nuestros países y en general el crecimiento de la demanda por el impulso de la actividad económica.

En resumen y como cierre de estas reflexiones, destacaría tres retos que van a determinar el éxito o fracaso de nuestro desarrollo en los próximos años:

  • Incertidumbre sobre la evolución de la inflación y habilidad de poder traspasarla al consumidor final sin detrimento de los márgenes
  • La fragilidad de los medios de transporte internacional y los tiempos más cortos de entrega que demanda el consumidor, que beneficiarán a la industria local.
  • La transición hacia lo digital creará muchas oportunidades a todos los niveles

Estos factores deberemos tenerlos siempre en mente ante cualquier decisión de inversión o de selección de activos o inversiones futuras.

Esperemos que se normalice la situación y que pasen al menos 50 años sin ver más hitos o catástrofes históricas, y al escribir este último párrafo estoy pensando especialmente en las tensiones de Rusia sobre Ucrania, de China sobre Taiwan, etc, que espero queden en “susto” y la vía diplomática vaya solucionando todos estos “ajustes geopolíticos”, por el bien de todos.

 

Por Juan Luis Ramírez, Founding Partner

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